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sábado, 11 de junio de 2016

El quetzal rojo.


Quetzal rojo
o ave que pare un millar de voces
de hombres de maíz, estallando a fuego armamentista;
en nuestra plegaria matinal
más allá del pan,
anhelamos liberarnos
de la metralla de cada día.

Rojo,
quetzal rojo;
en tu plumaje pernoctan
cadenciosamente
los ecos del perpetuo
y oxidado grito.

Rojo,
quetzal rojo;
nos vendaron los ojos y no supimos
si fueron aquellos que juraron protegernos
o los que se declararon enemigos,
nos callaron a punta de pistola,
nos rompieron los tobillos,
nos dieron descargas eléctricas en los genitales,
nos violaron,
una vez tras otra
y
cuando volvió a ocurrir
prometieron que sería la última vez
y nos mintieron,
nos golpearon tanto,
tantas veces
y con tal fuerza,
que un día;
la costumbre
nos dijo al oído
que ya dejó de dolernos
y le creímos.

Rojo,
quetzal rojo;
rojo sangre del valiente,
rojo sangre del cobarde,
rojo sangre del que dispara,
rojo sangre del que nunca supo 
qué o quién 
lo mató,
rojo sangre de la madre,
rojo sangre del padre,
rojo sangre del hijo,
rojo sangre de todos
los convertidos en una oveja
que gracias a irresponsables ganaderos,
 quedó a merced del lobo.

Rojo,
quetzal rojo;
rojo amargo,
rojo que fue reemplazando al negro
como símbolo de luto,
rojo desde el mismo rojo
y que de tanta muerte
se hincharon sus ojos de tal manera
que ya no le quedaron lágrimas
y se ha cansado de ser rojo
y a una estrella fugaz
le ha pedido ser rosa
o al menos violeta.

Rojo, quetzal rojo;
te juro que creí que navegábamos
en la misma dirección;
hemos olvidado quienes somos
y hacia donde íbamos.


Rojo, quetzal rojo;
duérmete ya;
si es que no nos interpusimos
en la congelada sinfonía de la pistola;
mañana será otro día
en el que nuestros barquitos de papel
llenos
de hombrecillos camuflados
con tinta negra poesía;
saldrán del puerto de la mano derecha
y con la única intención
de golpearle la bragadura
a los demonios de la violencia.

Rojo, quetzal rojo;
no es nada personal,
es sólo que en el ojo de una tormenta
a la que probablemente
le falten estallidos;
nos dimos cuenta
lo hastiados que estamos del rojo.

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