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domingo, 26 de junio de 2016

Principio de todos mis días...


Para Nelly



Principio de todos mis días:

Quiero pensar que
fue la partícula de un tiempo

en quelos insensatos ladran una sencillez invisible
y pisan la tráquea de su hermano.




Yo te dije que regurgitaría a los centauros,
a la Hidra,
a los cíclopes,
al Fenrir,
al dolor en mi pierna,
a los que marginaron a mi tribu 
y fueron cerrando sus voces a punta de burocracia
y ahora mismo en su regazo está durmiendo
la misma cantidad de sangre que en el del verdugo
a los que aseguraron "defender la palabra",
timaron al pobre y se fueron de vacaciones
a cada buitre que sigue comiendo de la entraña del poeta
y al que me dice “poeta”
porque no quiere
o no está listo(a)
o le faltan cojones
 para ser mi hermano(a).

Por eso quiero imaginar que es
una muerte pequeña
 y la resurrección nos aguarda.

Porque mi descripción del cielo, sigue siendo quedarme dormido entre tus brazos.

jueves, 16 de junio de 2016

Entonces...



Entonces cae la niebla sobre la niebla.

Se toma todo aquello a lo que es posible aferrarse:

El recuerdo de cuando armamos los libros,
todas y cada una de las risas
y las formas
y los trazos
y la fe.

Porque la cooperación se desmorona,
se quedó en un papelito
firmado por el alcalde de Sepalachingadadónde:
ella es un ángel, pero nadie le ha dicho que existe
y la estamos pidiendo a gritos
antes de que sólo queden unos cuantos miserables
acaparando todo.

Escucha, Raziel;
prometerán ayudarte a conformar una tropa
y compartir un poco de la llama en su espíritu
luego dejarán la idea
como al niño que abandonaron anoche en un bote de basura,
total, van a decirte que están ocupados,
que les financiaron el paseo,
que se dedican a otras cosas
o
que no aman tanto a la palabra
como aman la inflación del ego.

Habrá de entender quien así lo quiera;
que defecan las Erinias en quien traiciona a su hermano
y que la fogata espera por el resto de la tribu
o calienta al lobo solitario.

Déjame decirte que una vez tuve miedo
pero ahora sé que es más lo que se puede encontrar
que aquello totalmente perdido.

Ya vendrán las agujas
en la espalda de las estructuras;
nos reiremos más
justo ahora
que estamos tan llenos de rabia.





sábado, 11 de junio de 2016

IV

Para Fernanda


Corazón del Anáhuac

Primer año de la luz.


“El amor no sólo debe ser una llama, sino una luz.”
Henry David Thoreau


La firmeza del paso que a la aurora despierta.

El latido en el corazón de cada sabor nuevo.


Todos los amaneceres que están por llegar.


Fernanda:


He aquí que vimos a los nuestros levantarse
de entre los abismos;
les tendimos la mano
y ahora estamos reunidos de nuevo:
montando el rabo del Halley.

¿Quién nos va a impedir hacerlo
a nosotros que fuimos a plantar girasoles en Antares
y salimos a jugar con los sátiros?

¿Quién detendrá los abrazos
que hacen girar nuestra tierra
 y la salvan un minuto, una hora, un día, un mes, un año, siempre?

¿Quién habrá de decir que tu voz
no puede arrullar al grillo, a ti que
haces temblar al Tifón?

Nadie.

Porque nadie puede decirte que no puedes escupir semillas de sandía en vez de balas.



Esta palabra que te ofrendo,
es la crónica de cuando la luz
vino a vivir a nuestra casa.

Oh, luciérnaga
que me enseña a bajar las escaleras
despacio y aferrándome fuerte al barandal,
tan fuerte
tan fuerte
como la esperanza nos salva la vida.


A ti te hablo, con todo el amor que poseo.

Y sé que puedes escucharme.



Ósculo proceden del mar.



Para Nelly

La mariposa con alas de espada
sobrevuela mi labio
y lo toca
en acometidas precisas 
al emerger azul
desde el seno del azul.

Ojos de niña pícara.


Olemos a la estatua de sal 
que adornó las afueras de Sodoma y Gomorra,
en tanto ella,
cincela pasión 
que amarme sabe,
que a mar, me sabe.

El quetzal rojo.


Quetzal rojo
o ave que pare un millar de voces
de hombres de maíz, estallando a fuego armamentista;
en nuestra plegaria matinal
más allá del pan,
anhelamos liberarnos
de la metralla de cada día.

Rojo,
quetzal rojo;
en tu plumaje pernoctan
cadenciosamente
los ecos del perpetuo
y oxidado grito.

Rojo,
quetzal rojo;
nos vendaron los ojos y no supimos
si fueron aquellos que juraron protegernos
o los que se declararon enemigos,
nos callaron a punta de pistola,
nos rompieron los tobillos,
nos dieron descargas eléctricas en los genitales,
nos violaron,
una vez tras otra
y
cuando volvió a ocurrir
prometieron que sería la última vez
y nos mintieron,
nos golpearon tanto,
tantas veces
y con tal fuerza,
que un día;
la costumbre
nos dijo al oído
que ya dejó de dolernos
y le creímos.

Rojo,
quetzal rojo;
rojo sangre del valiente,
rojo sangre del cobarde,
rojo sangre del que dispara,
rojo sangre del que nunca supo 
qué o quién 
lo mató,
rojo sangre de la madre,
rojo sangre del padre,
rojo sangre del hijo,
rojo sangre de todos
los convertidos en una oveja
que gracias a irresponsables ganaderos,
 quedó a merced del lobo.

Rojo,
quetzal rojo;
rojo amargo,
rojo que fue reemplazando al negro
como símbolo de luto,
rojo desde el mismo rojo
y que de tanta muerte
se hincharon sus ojos de tal manera
que ya no le quedaron lágrimas
y se ha cansado de ser rojo
y a una estrella fugaz
le ha pedido ser rosa
o al menos violeta.

Rojo, quetzal rojo;
te juro que creí que navegábamos
en la misma dirección;
hemos olvidado quienes somos
y hacia donde íbamos.


Rojo, quetzal rojo;
duérmete ya;
si es que no nos interpusimos
en la congelada sinfonía de la pistola;
mañana será otro día
en el que nuestros barquitos de papel
llenos
de hombrecillos camuflados
con tinta negra poesía;
saldrán del puerto de la mano derecha
y con la única intención
de golpearle la bragadura
a los demonios de la violencia.

Rojo, quetzal rojo;
no es nada personal,
es sólo que en el ojo de una tormenta
a la que probablemente
le falten estallidos;
nos dimos cuenta
lo hastiados que estamos del rojo.