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viernes, 30 de diciembre de 2016

El abrazo reconfortante.


De mi libro LOS CUATRO ABRAZOS PARA SOBREVIVIR (Ediciones Canapé, 2013).


El abrazo reconfortante

A la mano que sostiene
la batuta mortuoria;
dedos vacilantes que
en un movimiento
pueden iniciar el estallido;
sinfonía del ángel viajando al abismo.

Al rostro al que
alertan,
hieren,
someten
y en el sendero
que va de la cueva del dragón con traje sastre
hacia el cubículo;
se torna
en arena de playa
que el viento deforma con un soplo.

Al pequeño fruto
en el árbol de la vida;
que en el desayuno
tiene un plato lleno de ofensas.

A la madre,
a la hija;
residente y exilada
de los sitios al que los seres de luz
temen volver
por aquellas que se convirtieron
en aperitivo para la injusticia
y tristes efigies
del silencio.

A los que no necesitan
de la lógica del hombre
para saber que quienes creyeron sus amigos;
al contemplar el signo de la muerte
escrito en las pupilas,
les han abandonado.

A los que arrojaron botellas
con flores de tinta negra poema
hacia la garganta de Poseidón
y ahora mismo
continúan en el puerto,
esperando una respuesta.

A aquellos
cuyo fruto vital;
por posesión de un fantasma
que huele a realidad,
se les ha ido pudriendo.

A los que elevan su voz,
a los que se quedaron sin ella
y a los que no la tienen.

A quienes pudieran haberse escapado
de un sitio en la historia
o en los recuerdos.

Esta palabra llega
en medio de la tempestad
como barco que tuvo el mal tino
de salir a pescar
sin estar seguro del clima
pero que
incluso a punto
de llegar a los colmillos del Kraken;
se mantiene,
se eleva,
escapa,
parte a un nuevo enfrentamiento
trazado en el mapa de lo cotidiano;
se apoya en todos
y cada uno de estos seres;
pelea
y gana;
porque esta palabra es una espada,
esta espada es un abrazo,
este abrazo que
en la espalda se dibuja gracias
a los que están,
a los que estuvieron
y a los que estarán;
te murmura al oído
que sigamos delante;
todo marchará bien.






domingo, 13 de noviembre de 2016

Círculo de luz.


 Lágrima de los cuatro mil ángeles;
 somos polvo de luz a la medianoche
¿somos polvo? ¿luz? ¿medianoche?
 No lo sé, yo no vine a hacer que me creas,
 desde el fondo de mi corazón estoy hablando
 cuando veo que tu mano es trazo de los nuevos horizontes.

En el seno del asfalto
escuché de un transporte público que aumentó su precio,
de un petróleo que se vendió,
de una patria que ya no conozco
y saltamos y caímos
y se rieron de nosotros
y seguimos gritando
y nos dispararon goma y plomo
y nuestros pulmones se llenaron de gas
y nuestra piel fue lacerada
y los idiotas, seguían creyendo que la realidad se parece a un cuadrado
 y hay giros del destino.

 "Vida y obra" nos dijo aquel poeta;
pero a mí no me creas,
yo no soy poeta
me pesa el título que otros adoptan mientras vomitan idioteces;
yo sé un poco de la vida, muy poco; 
con el tino del francotirador que disparaba contra los míos,
era blues,  fue agua,
paloma esquivando municiones,
paz y latido en el vientre de María, 
obra: cúpula del amor.

jueves, 16 de junio de 2016

Entonces...



Entonces cae la niebla sobre la niebla.

Se toma todo aquello a lo que es posible aferrarse:

El recuerdo de cuando armamos los libros,
todas y cada una de las risas
y las formas
y los trazos
y la fe.

Porque la cooperación se desmorona,
se quedó en un papelito
firmado por el alcalde de Sepalachingadadónde:
ella es un ángel, pero nadie le ha dicho que existe
y la estamos pidiendo a gritos
antes de que sólo queden unos cuantos miserables
acaparando todo.

Escucha, Raziel;
prometerán ayudarte a conformar una tropa
y compartir un poco de la llama en su espíritu
luego dejarán la idea
como al niño que abandonaron anoche en un bote de basura,
total, van a decirte que están ocupados,
que les financiaron el paseo,
que se dedican a otras cosas
o
que no aman tanto a la palabra
como aman la inflación del ego.

Habrá de entender quien así lo quiera;
que defecan las Erinias en quien traiciona a su hermano
y que la fogata espera por el resto de la tribu
o calienta al lobo solitario.

Déjame decirte que una vez tuve miedo
pero ahora sé que es más lo que se puede encontrar
que aquello totalmente perdido.

Ya vendrán las agujas
en la espalda de las estructuras;
nos reiremos más
justo ahora
que estamos tan llenos de rabia.





sábado, 11 de junio de 2016

IV

Para Fernanda


Corazón del Anáhuac

Primer año de la luz.


“El amor no sólo debe ser una llama, sino una luz.”
Henry David Thoreau


La firmeza del paso que a la aurora despierta.

El latido en el corazón de cada sabor nuevo.


Todos los amaneceres que están por llegar.


Fernanda:


He aquí que vimos a los nuestros levantarse
de entre los abismos;
les tendimos la mano
y ahora estamos reunidos de nuevo:
montando el rabo del Halley.

¿Quién nos va a impedir hacerlo
a nosotros que fuimos a plantar girasoles en Antares
y salimos a jugar con los sátiros?

¿Quién detendrá los abrazos
que hacen girar nuestra tierra
 y la salvan un minuto, una hora, un día, un mes, un año, siempre?

¿Quién habrá de decir que tu voz
no puede arrullar al grillo, a ti que
haces temblar al Tifón?

Nadie.

Porque nadie puede decirte que no puedes escupir semillas de sandía en vez de balas.



Esta palabra que te ofrendo,
es la crónica de cuando la luz
vino a vivir a nuestra casa.

Oh, luciérnaga
que me enseña a bajar las escaleras
despacio y aferrándome fuerte al barandal,
tan fuerte
tan fuerte
como la esperanza nos salva la vida.


A ti te hablo, con todo el amor que poseo.

Y sé que puedes escucharme.